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domingo, 9 de septiembre de 2012

No nos representan

Es una frase que se oye mucho, en el último párrafo de la anterior entrada expliqué por qué se produce esta percepción, en mi opinión. El sistema se autodestruye y al igual que un barco que se hunde, quienes más sufren son los que no tienen acceso a los botes salvavidas para poder escapar del hundimiento. Lógicamente nadie quiere que el barco se hunda, cuando eso sucede, los pasajeros no sienten que les representen los responsables de las decisiones que han llevado a dicho hundimiento.

Puede considerarse que el problema del desapego entre la denominada "casta política" y "el pueblo" estalló en el denominado 15M, sin embargo no ha hecho más que agravarse desde entonces. Se habla constantemente de cómo se pisotean los derechos, sin embargo, el problema no son los derechos, sino la sostenibilidad del sistema. Los derechos sin un sistema que los sustente no son más que papel mojado. Concretamente, la corrupción e incompetencia de nuestra clase política es insostenible, están causando que el sistema se autodestruya.

Existe la opinión relativamente extendida de que, para acabar con esta falta de representación y desapego, los políticos deberían trabajar por amor al arte o por vocación. Que sólo un político mileurista y que se enfrenta a los problemas de un mileurista es capaz de comprender estos problemas y representarle, en un sistema de democracia representativa. Es tan evidente y tan lógico que no parece necesita ninguna clase de argumentación.

Curiosamente también nos parece lógico cuando en las películas de EEUU se quejan de que a los ricos les representan abogados que cobran $400 la hora, e incluso más, mientras que a los pobres les representan los abogados de oficio. Lo consideran injusto, todo el mundo querría que les representaran los primeros (cosa que es materialmente imposible, porque son seres humanos y tienen que dormir), y hacen un esfuerzo por ver hasta dónde pueden llegar, alimentando la disparidad de salarios por la oferta-demanda.

Por tanto, pedir políticos mileuristas sería el equivalente a pedir ser representados por "políticos de oficio", que tal vez no parezca una idea muy seductora. También tenemos un caso interesante de representación de España por parte de los futbolistas de la selección, la gente se siente tan representada que celebra la victoria como propia, aunque los salarios de los futbolistas sean varias veces superiores. Si la gente siente que los políticos no les representan es porque no lo están haciendo bien, independientemente del salario. Los políticos deben gobernar por el bien de la sociedad, sin embargo vemos conforme a multitud de indicadores que el estado de la sociedad empeora constantemente. Que necesitamos políticos mejores, en vista de la crítica situación de España, es un hecho, la cuestión es en qué consiste ser político.

Efectivamente un político representa a todos los españoles, no precisamente para jugar al fútbol, sino que un político representa en la gestión de los recursos públicos y la tarea de legislar al resto de españoles. Un político es un gestor y legislador, más que un mero "representante". Como representantes podríamos mandar a las cumbres europeas a Eva González y Pablo Martín, que quedarían más monos, incluso es posible que gestionen mejor. Sin embargo, la política no es un concurso de belleza ni un partido de fútbol, los políticos que mejor nos representan son los mejores gestores y legisladores.

Es relativamente simple, más o menos como en cualquier trabajo, definir las competencias, aptitudes, destrezas, experiencia, conocimientos teóricos y en definitiva el curriculum vitae que debe presentar un político para demostrar que es el candidato que mejor va a hacer su trabajo. Aunque hay aparatos de propaganda significativos en los partidos políticos que pueden estar interesados en convencer a la población de otra cosa. Sin embargo vemos, constante y dolorosamente, que los políticos no están a la altura de las circunstancias. Esto puede deberse simplemente a que el puesto no es atractivo por el salario, lo cual tiene una solución muy fácil, o puede deberse a que pese a ser atractivo, no se está haciendo la selección de personal correctamente.

No se hace la selección de personal correctamente porque no se hace de esa forma ni dentro de los partidos ni fuera. Dentro de los partidos, por la corrupción, las posibilidades de ascenso o promoción se deben a los apoyos que se es capaz de reunir. Se escoge por tanto a quien más se entrega al partido, quien colabora más con el resto de miembros, de manera lícita o ilícita, lo que es, en el mejor de los casos, independiente de su calidad como gestor y legislador. Fuera de los partidos, por la opacidad, los votantes no cuentan con la información necesaria para poder tomar una decisión informada, por lo que de nuevo el criterio no puede ser la calidad como gestor o legislador de los políticos. En este caso los motivos que mueven a los votantes son muchos, van desde una observación empírica de los resultados que han dado las distintas legislaturas hasta apreciaciones más o menos subjetivas de las ideologías conforme a las cuales van a gobernar los distintos partidos, pasando por las promesas electorales y otra clase de proclamas con las que puedan presentarse.

La solución es que tanto dentro como fuera de los partidos, aquellos que tomen la decisión, lo hagan contando con la información que les permitirá tomar una decisión correcta (transparencia) y que cuenten también con el conocimiento necesario para poder usar esa información en un proceso de decisión y optar por el mejor candidato (ciencia). Esta decisión debería ser lógicamente democrática, puesto que esto la hace más robusta a posibles errores o sesgos cuando es sólo un individuo o grupo de los mismos quien toma la decisión. Es el equivalente al comodín del público, en el que siempre hay alguien que se equivoca y a veces es la mayoría, pero al menos tiene una tasa de aciertos razonable si se le dan las herramientas (información y conocimiento) para poder tomar una buena decisión.

lunes, 10 de enero de 2011

El político, el malo y el peor.

Dicen que un pueblo tiene los políticos que se merece. Supongo que hemos debido de ser muy malos en vidas anteriores, porque para muchos no ha habido tiempo en ésta. Los políticos, en cambio, siempre nos venderán que "España va bien", que estamos en la "Champion's league" de Europa, que son estupendos, que hay motivos para creer en ellos, para confiar, que lo están haciendo estupendamente, y si algo de lo que hacen no nos gusta del todo lo hacen por nuestro bien, aunque les duela a ellos más que a nosotros.

Las promesas llegan a ser completamente inverosímiles, pero con que la gente crea la mitad de la mitad de lo que se dice ya compensan.

http://ksjetd.amplify.com/2011/01/08/el-futuro-fantastico-para-el-presidente-nefasto-para-la-oposicion/

¿Cómo se soluciona esto? Es complicado romper el status quo, sin embargo, lo que hay que hacer es relativamente poco.

Hace falta transparencia, que el gobierno diga lo que hace y por qué, ha de estar basado en conocimiento fiable, preferentemente científico. Las cosas no se pueden hacer porque sí.

Hace falta evaluar las decisiones políticas, las consecuencias que van a tener antes de tomarlas y las consecuencias que han tenido después, que rara vez coinciden. Una evaluación científica, clara y objetiva.

Hace falta recompensar o castigar a los políticos conforme a la calidad de su gestión. Si un médico se carga a un paciente en una operación tiene una responsabilidad y se comprueba si ha habido mala praxis, aunque el paciente fuera ya enfermo y posiblemente moribundo a la operación. No es posible que un político se cargue un país entero y la consecuencia es que tenga una generosa retribución vitalicia.

No es un problema de que unos sean buenos y los otros sean malos, el problema es de cómo está hecha la política, se trata de un juego de demagogia, de intentar convencer a la gente para que les vote. La política ha de ser una ingeniería que se ocupe de resolver los problemas a los que se enfrenta, ha de hacerlo con las herramientas adecuadas, ha de considerarse en la dimensión de resolución de problemas.

No es problema de que un partido sea bueno y otro malo, es un problema del sistema, que no favorece este cambio a una política basada en la efectividad de resolución de problemas, ni a la introducción de la ciencia en las decisiones políticas. Es un problema de la sociedad, que no exige que esto se realice de la manera correcta y que critica o defiende decisiones concretas. El problema no son las decisiones políticas concretas que se toman, el problema es el método por el que se toman, cómo se hacen las cosas, a través de un juego de poderes y apoyos políticos, para hacer lo que a los políticos de turno les interesa más, normalmente movidos por intereses personales, y no con una evaluación concienzuda de lo que es mejor, para hacer eso, lo que es mejor para los votantes, en su totalidad.

Es un problema de método, de fondo, y eso parece estar fuera del debate. Cuando se habla de política siempre se habla de decisiones concretas, no de la forma en que se toman, cada cual tiene su opinión e intenta convencer o vencer con la misma, y que sea lo que se haga, que los políticos hagan otra cosa, pero de la misma manera y así habrá altibajos.

Hace falta recompensar o castigar a los políticos conforme a la calidad de su gestión. Si un médico se carga a un paciente en una operación tiene una responsabilidad y se comprueba si ha habido mala praxis, aunque el paciente fuera ya enfermo y posiblemente moribundo a la operación. No es posible que un político se cargue un país entero y la consecuencia es que tenga una generosa retribución vitalicia.

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González Pons: "el problema" es "qué hace el país con los malos políticos"

El vicesecretario de Comunicación del PP, Esteban González Pons, ha indicado que "el problema no es qué hacer con España", sino "qué hace España con los malos políticos", en relación con las declaraciones del ex presidente del Gobierno Felipe González en las que afirmaba que, "con la edad que tengo, que gane la derecha o tal no me va a quitar el sueño, sino que gane sin decir nada y sin proponer nada y sin saber qué hacer con este país"

   Ha aseverado que "España va mal" y ha añadido que si es verdad que cuando "España va bien, va mejor para todos los españoles", y que cuando el país va mal, "va mal para los españoles", no es menos cierto que "cuando España va mal, va peor para los que más dificultades tienen", como los parados, los jubilados, los jóvenes, las mujeres que se incorporan al mercado laboral y para los que tienen menos capacidad para poder defenderse, entre otros.

   Por otro lado, el vicesecretario de Comunicación del Partido Popular ha indicado que en España hay "dos problemas muy graves", como son, a su juicio, el problema social y la credibilidad internacional.

Rodríguez Zapatero ha conseguido que la crisis social sea "la más grave que hemos padecido desde que los que estamos aquí tenemos memoria", por lo que ha añadido que ahora la "grave" no es la crisis económica, sino la social
se ha referido a los parados y ha añadido que "no son sólo cifras sino auténticos dramas"
ha afirmado que si Zapatero "no ya por patriotismo, aunque sólo sea por solidaridad, llega a la conclusión de que representa un lastre para la credibilidad de España, el mejor favor que le podría hacer, no ya a la patria, sino a los 4,5 millones de parados es marcharse y dejarle el sitio a alguien en quien se pueda confiar"
Tenemos un Gobierno que antepone los intereses económicos a los derechos humanos y eso España no se lo merece porque España antepone la defensa de las personas a la defensa de la economía
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domingo, 26 de diciembre de 2010

¿Cómo introducir competencia en un sector poco competitivo?

1. Introducción

Aplicar soluciones a problemas concretos es un arte. Cuando se siguen métodos generales y se aplican a los problemas concretos estamos dando los primeros pasos para la creación de una metodología. En este caso el problema a considerar es un sector en que hay una baja competitividad, es un problema relativamente complejo.

En general los problemas a los que se enfrenta el poder legislativo se resuelven con la creación de leyes y permitiendo que las soluciones surjan gracias a la interacción de estas leyes con el sistema sobre el que se regula, a menudo la sociedad en su conjunto. Las prohibiciones son la forma más clara, prohibir fumar reduce drásticamente el número de fumadores. Subir los impuestos al tabaco es una forma menos drástica y contundente de reducir el número de fumadores, ya que una parte de los mismos seguirá fumando aunque tenga que pagar más, pero unos cuantos lo dejarán y otros, aunque no lo dejen, probablemente fumarán menos. Al tema.

En el caso de los sectores con baja competitividad, la solución a través de las leyes es complicada, aunque se hagan leyes que muevan el sector en una dirección u otra es probable que se mueva al unísono, y no se rompa el equilibrio en que se encuentra, sino que simplemente se desplace. Las medidas contra el sector, como la subida de impuestos, pueden repercutir en los consumidores, trasladándose en el precio sobre el producto final. Las medidas para favorecerlo pueden tener un coste para la sociedad que no vea recompensado si no se incrementa la competencia, y esto sucede cuando se favorece al sector completo, sin establecer una condición que fomente la competitividad para acceder a las ayudas, a menudo asociada al concepto de excelencia en educación.

Estas medidas, si bien pueden funcionar en algunos casos, pueden tender con facilidad al fomento de una picaresca, que se aprovecha de las mismas sin realmente cambiar el sector. Además crean una situación artificial por la que la sociedad está pagando un coste, normalmente económico, para fomentar el que un sector se mueva en una dirección, a menudo con pocas garantías de que en algún momento sea posible cesar en estos pagos y los cambios se mantengan sin ellas. Es el caso de las subvenciones para I+D+i que se verá en qué acaban.

2. Propuesta

En este caso la solución que propongo es más fiable en cuanto al resultado, se trata de introducir competencia con la creación de una empresa pública que haga aquello que se considera rentable para las empresas y provechoso para la sociedad. Por supuesto precedida de un análisis de viabilidad previo, que permita determinar ambas cosas con la fiabilidad que sea posible, más o menos como en la creación de cualquier empresa medianamente seria.

De esta forma no sólo se introduce competencia en un sector, sino que el coste para la sociedad es negativo, es decir, se obtiene un beneficio económico si la empresa era realmente rentable. Incluso es posible equivocarse en alguna ocasión y que las veces que no hay errores compensen de sobra. Finalmente el paso lógico es privatizar la empresa, obteniendo beneficios de su privatización y potencialmente sempiternos impuestos que pague la empresa. Si no se privatizara, las administraciones públicas irían ganando complejidad, y como vemos, la que tienen ya desborda a los responsables en muchas ocasiones.

Por supuesto, además, se obtiene un beneficio para la sociedad en forma del servicio prestado por la empresa creada. Sería parecido a TVE, que es una cadena de televisión que ofrece un servicio a la sociedad, aunque, lamentablemente, la competencia que hacen no es viable para el resto de cadenas, ya que los beneficios los obtienen de la publicidad y eliminarla es inviable. Adicionalmente, esto supone un coste, económico, para la sociedad, que paga por el servicio, quiera o no, independientemente de su libertad y voluntad, en lugar de repercutir en un beneficio para las arcas del Estado, que es como debería ser.

El coste político es también muy bajo, ya que no se modifican las leyes, sino que se crea una empresa, es más, ha de ser una empresa, al resto de efectos, corriente, que obtenga beneficios (no necesariamente desde el primer día), con una competencia legal, etc. Esto se reduce aun más al privatizarse la empresa posteriormente, con algún método que ofrezca garantías de que no se está regalando a unos colegas, por ejemplo con subasta pública bien anunciada.

3. Ejemplo

Así, en el ejemplo que enlazo más abajo, de la industria discográfica y sectores en que se aplican los derechos de autor en general, hacer leyes por las que la distribución al margen de estos derechos sea legal cuando no sea posible encontrar estos materiales en una distribución digital es poco viable. No sólo sería confuso que la legalidad de compartir unos materiales pudiera cambiar de un día para otro en función de los canales de distribución que escojan los autores, sino que probablemente tengan un margen de beneficios suficiente como para hacer una distribución digital al mismo precio o superior que la física (es el caso de muchos juegos descargables en Xbox, no algo meramente hipotético), bloqueando la posibilidad de otras distribuciones digitales aun a costa de perder algo de dinero, porque lo prefieren a cambiar de modelo de negocio.

Esto se empeoraría aun más con las mencionadas ayudas a la excelencia previamente mencionadas, ya que el dinero invertido (y perdido) provendría de éstas, posiblemente siendo las ayudas superiores a la pérdida y un negocio lucrativo, (las empresas están para hacer dinero y son bastante hábiles en estas argucias).

Es por esto que, si lo que se quiere es fomentar una creación de una especie de “Spotify”, o similares, lo más efectivo es crearlo en forma de empresa pública, es algo completamente directo, y supondría, en caso de que realmente sea la evolución de la industria, un coste negativo (es decir, un beneficio, económico) para la sociedad.

Tal vez a alguien el texto le parezca un poco largo, he hecho lo posible y más de lo que debería por mantenerlo corto, no llega a dos páginas si se imprime limpio, pero estas explicaciones sólo lo alargarían más, lo único que puedo decir es: gracias por leerlo, espero ampliarlo en futuras ocasiones y por supuesto, como siempre, cualquier comentario es más que bienvenido.

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Retocando la Ley Sinde (y modernizando el sector)

El texto original del gobierno tiene, en opinión de muchos, el problema de intentar proteger un modelo de negocio obsoleto a base de intentar poner puertas al campo.
podemos retocar un poco la Ley Sinde: compartir archivos o crear páginas de enlaces, etcétera sigue siendo ilegal y motivo de cierre si no se borran los materiales que no son tuyos (estilo DMCA americana, vamos) pero sólo si la serie / película / álbum / libro en cuestión está disponible legalmente en formato digital en internet.
La idea básica es forzar de forma bien poco disimulada la creación de algo parecido a Spotify para el resto de contenidos.
Es el modelo “arrastrar la industria llorando y gimoteando al siglo XXI”, digamos. Menos radical que un socialización de los contenidos directa via canon de acceso, pero bastante parecida a efectos prácticos.
No estoy seguro que sea políticamente viable, y estoy seguro que al menos dos abogados han perdido el conocimiento durante la lectura de este artículo, pero es un punto de partida.
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