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domingo, 8 de mayo de 2011

La perversión de la imposición

En la anterior entrada mencionaba el poder que tiene el pueblo al pagar por aquello que considera correcto en cuanto al beneficio que aporta a la sociedad en general, y en concreto al consumidor, y en cuanto a los medios por los que se obtiene dicho producto o servicio. Esto sólo ocurre de manera correcta si el consumidor toma una decisión responsable, informada y libre.

La responsabilidad de la decisión ya quedaba remarcada por la actitud crítica a la que hacía referencia. Es fundamental en muchos ámbitos de la vida diaria, especialmente en contextos socio-políticos. La información también estaba señalada, con la función de Internet, y volveremos sobre ella en futuras ocasiones. Esta entrada trata del último aspecto, la libertad, que se ve mermada en formas ciertamente perversas.

No me refiero a la manipulación que pueda hacer la publicidad y por lo que cada cual ha de recurrir a su pensamiento crítico y escepticismo a la hora de juzgarla. Me refiero a la auténtica incapacidad para escoger que se da en muchas ocasiones y que, por su cotidianidad puede pasar desapercibida.

Se trata de cargas que se imponen sobre los productos, el más llamativo de todos es posiblemente el canon de la SGAE, que ya cuenta por lo menos con un movimiento en contra como es el caso de todoscontraelcanon. De esta forma, un consumidor que opta por las producciones de Hollywood sobre las patrias o la música anglosajona sobre la española pero decide hacer uso de algún aparato con capacidades multimedia está en realidad financiando a los autores españoles, o a algunos sólo, de una manera bastante opaca, además, con un reparto que muchos autores dicen no es justo y sin duda es debatible. Si al pagar por algo se está pagando otra cosa, sobre la que el consumidor no tiene control, entonces el sistema se pervierte, de una manera similar a lo que sería que nuestro voto se transmutara en un voto para otro partido al depositarlo en la urna.

Se está financiando algo distinto al producto o servicio por el que se paga mediante estas imposiciones, siendo la más general los conocidos simplemente como impuestos, como es el caso del IVA. Estos impuestos pueden derivar en subvenciones a algo completamente independiente de la decisión tomada por el consumidor con un criterio opaco y sin justificarlo de ninguna forma. Podemos saber dónde van los impuestos, pero no por qué. La compra de un dispositivo multimedia, además de un canon, tiene unos impuestos, que pueden ir destinados a algo relacionado, como es la I+D e investigación en ciencias y tecnologías, para hacer dispositivos mejores, a otra cosa relacionada pero bastante diferente como es la subvención de la cultura y generación de estos contenidos nacionalmente o a algo sin ninguna relación, como es la construcción de una infraestructura, de dudosa utilidad a veces. El criterio por el que el consumidor realizó el pago se pierde en este caso, no es factible que sea de otra forma, y se reemplaza por el criterio que establece el Estado, que ciertamente no es transparente (no se conoce) y probablemente no es científico (no parte de principios objetivos ni comprobables), este criterio es, en definitiva, de dudosa calidad.

La imposición con tal vez la peor fama son los monopolios, eliminan la capacidad de elección del consumidor al ser la única opción disponible, parecen especialmente habituales en el mundo de las nuevas tecnologías. Por ejemplo tiene fama de empresa malvada Microsoft, por el monopolio en sistemas operativos,  aunque hay opciones y como consumidores responsables tal vez habría que fomentarlas, eso corresponde al juicio de cada uno. Sin embargo tiene fama de empresa benevolente Google, y no debemos olvidar que aunque ofrezca los productos gratuitamente el hacer uso de los mismos ya es, de una forma más sutil, fomentar dicha empresa y todo lo que ello conlleva. En este caso la cuota de mercado de Google en España es impresionante y a la vez preocupante, puesto que refleja una uniformidad en la población, al menos en este aspecto, sin igual, lo que puede ser fuente de muchos problemas que tal vez comentemos en el futuro.

Y precisamente, por la opacidad en el criterio del Estado, y la imposición que hace éste, ha de considerarse al mismo Estado como una fuente más de imposición, no a través de los impuestos, sino de los servicios públicos, similares en muchos aspectos a los monopolios, ya que prestan un servicio pero el ciudadano a menudo tiene una capacidad de elección muy limitada, si es que tiene alguna. En este caso pueden darse dos situaciones:

  • Que el servicio deba ser único, es un monopolio en esencia o simplemente no es viable que haya varias alternativas. En este caso lógicamente el Estado debe ocuparse de prestar este servicio, evitando que haya un monopolio en manos privadas se da un monopolio en manos públicas. Éstas sólo serán mejores que las privadas si la tarea se realiza mejor, y en esto es fundamental la ciencia y la transparencia de nuevo, garantizando que el servicio se presta de forma óptima y cualquiera puede evaluarlo y comprobarlo. Ésta ciencia y transparencia, en este caso, son similares a lo que el código abierto representa frente a otras alternativas en el software.
  • Que el servicio en sí no necesite ser público, incluso muy probablemente haya alternativas privadas, pero sea un derecho que el Estado debe garantizar. En este caso, habiendo alternativas privadas, pudiendo el ciudadano escoger, no es necesario que el Estado se convierta en empresa, además de Estado, es posible hacer uso de estas alternativas privadas si son de suficiente calidad, y si hay una competencia sana entre ellas así será. El Estado lo que debe garantizar es que los ciudadanos puedan hacer uso de estas opciones, primero garantizando que su nivel de vida y las capacidades que tienen son las mejores posibles (que es la función del Estado, en esencia), pero en caso de que pese a ello no puedan acceder al servicio el Estado debería subvencionarlo. Para esto, el dinero no ha de ir directamente al servicio, saltándose el paso de decisión del consumidor, sino que ha de ir al consumidor, para que él escoja qué hacer con ese dinero, que es en esencia, un voto.

Es por esto que las imposiciones deben reducirse a la mínima expresión necesaria y conveniente. Los consumidores deben tomar consciencia de todo lo que implican sus compras e incluso acciones que no conllevan un desembolso. Los ciudadanos deben tomar consciencia de todas las decisiones que les están siendo negadas, no habiendo motivos de peso para ello, y reclamar que se les permita tomar estas decisiones. Finalmente, en aquellos casos en que la decisión no pueda recaer en el consumidor, después de demostrarse que así es, la decisión deberá tomarla el Estado, pero los motivos por los que se toma una decisión u otra deben ser expuestos con claridad de manera pública y deben sostenerse en la evidencia científica de datos objetivos y comprobables.

Como conclusión: Es fundamental reclamar la libertad negada y luchar contra la imposición. Es fundamental evaluar el trabajo de  los políticos, puesto que la selección de personal nos corresponde como votantes. Y, finalmente, es fundamental que las decisiones de las que depende la vida de millones de personas se realicen de manera transparente y con el mejor conocimiento posible para la toma de estas decisiones, que hoy en día, por su objetividad, es la ciencia con sus distintas ramas.

domingo, 1 de mayo de 2011

#NoLesCompres, el día que el pueblo tomó consciencia de su poder

Hay un gran movimiento con #nolesvotes, es interesante ver cómo la crisis política ha despertado al ciudadano medio y, aunque la idea todavía se propague casi exclusivamente a través de Internet, ha llegado bastante lejos y no me cabe duda de que, si no cunde el desánimo ante unas expectativas incumplidas para las autonómicas, puede llegar a tener un impacto notable en las generales.

Se dice que un pueblo tiene los gobernantes que se merece, tan cierto es como que el pueblo los elige, cosa no del todo cierta, puesto que la elección viene ya limitada y condicionada por el sistema. Lo que es innegable es que el poder democrático actual se manifiesta en el voto, que se realiza cada cuatro años, y la forma de influir en el sistema, al margen de manifestaciones y otras demostraciones de descontento, la forma de realmente hacer algo es con el voto, la herramienta más útil que tienen los ciudadanos para realmente poder influir en el sistema.

Sin embargo hay un voto más sutil, que puede tal vez pasar desapercibido con mayor facilidad. Se trata del voto que se realiza con cualquier compra, no con papeletas, sino con billetes, un voto en el que no todos somos iguales, puesto que no todos poseemos el mismo poder adquisitivo, pero un voto que a efectos prácticos puede tener mucha más fuerza y que determina en más ámbitos y en mayor profundidad el devenir del mundo. Y sobre esto quería llamar la atención en este mensaje, sobre cómo votamos con cada compra y cómo eso influye en las vidas de todos.

Tal vez no nos parezca bien las ideas que propone César Alierta, o nos resulte graciosa la pronunciación de Emilio Botín, podemos pensar que el sueldo que tiene un futbolista no se corresponde con el bien que hace por la sociedad, pero lo cierto es que esto es así porque lo pagamos todos, es la gente la que decide ser consumidores de lo que nos ofrecen y les da su dinero, ellos simplemente lo reciben y, seamos sinceros, ¿quién no lo haría? El que está fallando aquí, quien no está comportándose con la responsabilidad que exige su situación, es precisamente el más interesado en que la situación se arregle, el más débil, el consumidor, todos nosotros y lo más probable es que eso te incluya, amigo lector.

Por esto, los consumidores deben tomar consciencia de su responsabilidad y actuar en consecuencia. Con las compras fomentan o dificultan muchas cosas, aunque podemos centrarnos en tres principales:

  • Servicios y productos, que preferimos frente a sus competidores o frente a otras alternativas que compitan de manera más indirecta. Si en España hay una alta concentración de bares por habitante es porque hay clientela, si no, tendrían que cerrar. Si estuvieran tan organizados como otros colectivos a la hora de hacer presión sobre los políticos podríamos asistir a una especie de ley seca, por la que sólo se pudieran consumir bebidas alcohólicas en los bares.
  • Actitudes de empresas, al preferirlas sobre su competencia. Si el telemárketing se hace es porque funciona, de lo contrario sería una pérdida de dinero absurda que el empresario cortaría antes o después, dependiendo de lo despierto que sea. Uno de los casos tal vez más relevantes sean las multinacionales que tienen fábricas en las que trabajan niños, lo que suele ser escandaloso en el momento de conocerse, pero no por ello parece cesar.
  • Regiones geográficas, desde las más pequeñas a las más grandes. China crece por sus exportaciones, y los agricultores españoles se ven perjudicados por la oferta más barata procedente de otras regiones. Con esto se está apoyando que en China continúe la explotación, y se le está dando un mensaje claro al agricultor para que monte un bar. 
También es necesario, por supuesto, que los consumidores estén informados y puedan estarlo, que la información tenga libre acceso, etc. Es ahí donde la función de Internet no debe ser subestimada ni olvidada y se debe defender la libertad de expresión y el acceso a la información, algo por lo que Anonymous lucha y ha de seguir luchando, porque todavía quedan muchas trabas para esto y parece que cada vez se quieren poner más, aunque algunos crean que son un grupo de chavales que quieren descargar multimedia de Internet.

No vivimos en una época en que la gente se dé al consumismo más desatado, por lo que puede parecer que la idea es completamente estéril. Pero es justo lo contrario, por el bajo consumo actual el impacto de la idea es mayor. Es el momento de tomar consciencia del poder que tiene el pueblo y de ejercerlo, a diario y con responsabilidad. Si crees que hay empresas que no están comportándose como deberían, no uses sus productos o servicios, mantén una actitud crítica a la hora de emplear el dinero y fomenta que otros hagan lo mismo. Es el momento de #nolescompres.

Nota: A modo de curiosidad, esto es lo que estaba pensando cuando he encontrado que no soy el primero en pensarlo, #nolescompres ya existe desde hace un tiempo, breve, pero relevante y fructífero, lo que ha hecho que me decida a escribir esta entrada.

domingo, 26 de diciembre de 2010

¿Cómo introducir competencia en un sector poco competitivo?

1. Introducción

Aplicar soluciones a problemas concretos es un arte. Cuando se siguen métodos generales y se aplican a los problemas concretos estamos dando los primeros pasos para la creación de una metodología. En este caso el problema a considerar es un sector en que hay una baja competitividad, es un problema relativamente complejo.

En general los problemas a los que se enfrenta el poder legislativo se resuelven con la creación de leyes y permitiendo que las soluciones surjan gracias a la interacción de estas leyes con el sistema sobre el que se regula, a menudo la sociedad en su conjunto. Las prohibiciones son la forma más clara, prohibir fumar reduce drásticamente el número de fumadores. Subir los impuestos al tabaco es una forma menos drástica y contundente de reducir el número de fumadores, ya que una parte de los mismos seguirá fumando aunque tenga que pagar más, pero unos cuantos lo dejarán y otros, aunque no lo dejen, probablemente fumarán menos. Al tema.

En el caso de los sectores con baja competitividad, la solución a través de las leyes es complicada, aunque se hagan leyes que muevan el sector en una dirección u otra es probable que se mueva al unísono, y no se rompa el equilibrio en que se encuentra, sino que simplemente se desplace. Las medidas contra el sector, como la subida de impuestos, pueden repercutir en los consumidores, trasladándose en el precio sobre el producto final. Las medidas para favorecerlo pueden tener un coste para la sociedad que no vea recompensado si no se incrementa la competencia, y esto sucede cuando se favorece al sector completo, sin establecer una condición que fomente la competitividad para acceder a las ayudas, a menudo asociada al concepto de excelencia en educación.

Estas medidas, si bien pueden funcionar en algunos casos, pueden tender con facilidad al fomento de una picaresca, que se aprovecha de las mismas sin realmente cambiar el sector. Además crean una situación artificial por la que la sociedad está pagando un coste, normalmente económico, para fomentar el que un sector se mueva en una dirección, a menudo con pocas garantías de que en algún momento sea posible cesar en estos pagos y los cambios se mantengan sin ellas. Es el caso de las subvenciones para I+D+i que se verá en qué acaban.

2. Propuesta

En este caso la solución que propongo es más fiable en cuanto al resultado, se trata de introducir competencia con la creación de una empresa pública que haga aquello que se considera rentable para las empresas y provechoso para la sociedad. Por supuesto precedida de un análisis de viabilidad previo, que permita determinar ambas cosas con la fiabilidad que sea posible, más o menos como en la creación de cualquier empresa medianamente seria.

De esta forma no sólo se introduce competencia en un sector, sino que el coste para la sociedad es negativo, es decir, se obtiene un beneficio económico si la empresa era realmente rentable. Incluso es posible equivocarse en alguna ocasión y que las veces que no hay errores compensen de sobra. Finalmente el paso lógico es privatizar la empresa, obteniendo beneficios de su privatización y potencialmente sempiternos impuestos que pague la empresa. Si no se privatizara, las administraciones públicas irían ganando complejidad, y como vemos, la que tienen ya desborda a los responsables en muchas ocasiones.

Por supuesto, además, se obtiene un beneficio para la sociedad en forma del servicio prestado por la empresa creada. Sería parecido a TVE, que es una cadena de televisión que ofrece un servicio a la sociedad, aunque, lamentablemente, la competencia que hacen no es viable para el resto de cadenas, ya que los beneficios los obtienen de la publicidad y eliminarla es inviable. Adicionalmente, esto supone un coste, económico, para la sociedad, que paga por el servicio, quiera o no, independientemente de su libertad y voluntad, en lugar de repercutir en un beneficio para las arcas del Estado, que es como debería ser.

El coste político es también muy bajo, ya que no se modifican las leyes, sino que se crea una empresa, es más, ha de ser una empresa, al resto de efectos, corriente, que obtenga beneficios (no necesariamente desde el primer día), con una competencia legal, etc. Esto se reduce aun más al privatizarse la empresa posteriormente, con algún método que ofrezca garantías de que no se está regalando a unos colegas, por ejemplo con subasta pública bien anunciada.

3. Ejemplo

Así, en el ejemplo que enlazo más abajo, de la industria discográfica y sectores en que se aplican los derechos de autor en general, hacer leyes por las que la distribución al margen de estos derechos sea legal cuando no sea posible encontrar estos materiales en una distribución digital es poco viable. No sólo sería confuso que la legalidad de compartir unos materiales pudiera cambiar de un día para otro en función de los canales de distribución que escojan los autores, sino que probablemente tengan un margen de beneficios suficiente como para hacer una distribución digital al mismo precio o superior que la física (es el caso de muchos juegos descargables en Xbox, no algo meramente hipotético), bloqueando la posibilidad de otras distribuciones digitales aun a costa de perder algo de dinero, porque lo prefieren a cambiar de modelo de negocio.

Esto se empeoraría aun más con las mencionadas ayudas a la excelencia previamente mencionadas, ya que el dinero invertido (y perdido) provendría de éstas, posiblemente siendo las ayudas superiores a la pérdida y un negocio lucrativo, (las empresas están para hacer dinero y son bastante hábiles en estas argucias).

Es por esto que, si lo que se quiere es fomentar una creación de una especie de “Spotify”, o similares, lo más efectivo es crearlo en forma de empresa pública, es algo completamente directo, y supondría, en caso de que realmente sea la evolución de la industria, un coste negativo (es decir, un beneficio, económico) para la sociedad.

Tal vez a alguien el texto le parezca un poco largo, he hecho lo posible y más de lo que debería por mantenerlo corto, no llega a dos páginas si se imprime limpio, pero estas explicaciones sólo lo alargarían más, lo único que puedo decir es: gracias por leerlo, espero ampliarlo en futuras ocasiones y por supuesto, como siempre, cualquier comentario es más que bienvenido.

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Retocando la Ley Sinde (y modernizando el sector)

El texto original del gobierno tiene, en opinión de muchos, el problema de intentar proteger un modelo de negocio obsoleto a base de intentar poner puertas al campo.
podemos retocar un poco la Ley Sinde: compartir archivos o crear páginas de enlaces, etcétera sigue siendo ilegal y motivo de cierre si no se borran los materiales que no son tuyos (estilo DMCA americana, vamos) pero sólo si la serie / película / álbum / libro en cuestión está disponible legalmente en formato digital en internet.
La idea básica es forzar de forma bien poco disimulada la creación de algo parecido a Spotify para el resto de contenidos.
Es el modelo “arrastrar la industria llorando y gimoteando al siglo XXI”, digamos. Menos radical que un socialización de los contenidos directa via canon de acceso, pero bastante parecida a efectos prácticos.
No estoy seguro que sea políticamente viable, y estoy seguro que al menos dos abogados han perdido el conocimiento durante la lectura de este artículo, pero es un punto de partida.
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